Reír o no reír,
he ahí la carcajada.
No me río de su inocencia,
sino de su ingenuidad.
No me río de su ira,
sino de su miedo.
No me río de su lujuria,
sino de su promiscuidad.
Pues la carcajada es sublime,
si ríes conmigo,
pero es majestuosa si rio de ti,
y no te das cuenta.
No me río de su llanto,
sino de lo que tratan fingir.
No me río de su felicidad,
sino de lo tristes que están.
No me río de sus corazones,
sino de lo vacios que están.
Para mí no es necesario,
abrir la boca para reír.